Amb aquest bloc vull retre homenatge a Domingo Mulà, rapsode “per afició”, que ens ha delectat al llarg de molts anys, recitant poesies, però per davant de tot, per ser com és, una persona magnífica.

Crec que els homenatges cal fer-los en vida, hem de saber agrair a la gent que ens fa feliç i donar-los-hi les gràcies cada dia, si cal. M’ha semblat una manera d’expressar el meu agraïment, per l’esforç, si , aquest que diu que ha fet amb tantes ganes, però que a la fi, ha estat un treball de molts anys. M’agradaria que tanta feina no fos per res, vull que tot el món, conegui al nostre estimat Domingo, i dic nostre, perquè, els que el coneixem, cadascú a la seva manera, se l’ha fet una mica seu. Les seves poesies han colpit als nostres cors i ens ha fet gaudir de tants moments feliços, que qualsevol regal és poc per tornar-li el què ens ha donat.

Ara, aquí i en qualsevol lloc, podrem escoltar aquestes poesies que recita amb tanta passió.

Gràcies Domingo, un cop més.

Sincerament,

Anna

divendres, 29 de gener de 2010

La carta

LA CARTA de RAMÓN DE CAMPOAMOR



Mi carta, que es feliz, pues va a buscaros,
cuenta os dará de la memoria mía.
Aquel fantasma soy que, por gustaros,
jugó estar a viva a vuestro lado un día.

Cuando lleve esta carta a vuestro oído
el eco de mi amor y mis dolores
el cuerpo en que mi espíritu ha vivido
ya durmiendo estará bajo unas flores.

Por no dar fin a la ventura mía,
la escribo larga... casi interminable...
¡Mi agonía es la bárbara agonía
del que quiere evitar lo inevitable!

Hundiéndose al morir sobre mi frente
el palacio ideal de mi quimera,
de todo mi pasado, solamente
esta pena que os doy borrar quisiera.

Me rebelo a morir, pero es preciso...
¡El triste vive y el dichoso muere!...
¡Cuando quise morir, Dios no lo quiso;
hoy que quiero vivir, Dios no lo quiere!

¡Os amo, sí! Dejadme que habladora
me repita esta voz tan repetida;
que las cosas más íntimas ahora
se escapen de mis labios con mi vida.

Hasta furiosa, a mí que ya no existo,
la idea de los celos importuna;
¡Juradme que esos ojos que me han visto
nunca el rostro verán de otra ninguna!

Y si aquella mujer de aquella historia
vuelve a formar de nuevo vuestro encanto,
aunque os ame, gemid en mi memoria;
¡Yo os hubiera también amado tanto!...

Mas tal vez allá arriba nos veremos,
después de esta existencia pasajera,
cuando los dos, como en el tren, lleguemos
de nuestra vida a la estación postrera.

¡Ya me siento morir!... El cielo os guarde.
Cuidad, siempre que nazca o muera el día,
de mirar al lucero de la tarde,
esa estrella que siempre ha sido mía.

Pues yo desde ella os estaré mirando;
y como el bien con la virtud se labra,
para verme mejor, yo haré, rezando,
que Dios de par en par el cielo os abra.

¡Nunca olvidéis a esta infeliz amante
que os cita, cuando os deja, para el cielo!
¡Si es verdad que me amasteis un instante,
llorad, porque eso sirve de consuelo!...

¡Oh Padre de las almas pecadoras,
conceded el perdón al alma mía!
¡Amé mucho, Señor, y muchas horas;
mas sufrí por más tiempo todavía!

¡Adiós, adiós! ¡Como hablo delirando,
no sé decir lo que deciros quiero!
¡Yo sólo sé de mí que estoy llorando,
que sufro, que os amaba... y que me muero!


Fragmento de El tren expreso

El cant espiritual

CANT ESPIRITUAL de JOAN MARAGALL GORINA



Si el món ja és tan formós, Senyor, si es mira
amb la pau vostra a dintre de l’ull nostre,
què més ens podeu da’ en una altra vida?
Per això estic tan gelós dels ulls, i el rostre,
i el cos que m’heu donat, Senyor, i el cor
que s’hi mou sempre... i temo tant la mort!
Amb quins altres sentits me’l fareu veure,
aquest cel blau damunt de les muntanyes,
i el mar immens, i el sol que per tot brilla?
Deu-me’n aquests sentits l’eterna pau
i no voldré més cel que aquest cel blau.
Aquell que en cap moment li digué «Atura’t»
sinó al mateix que’l dugué la mort,
jo no l’entenc, Senyor; jo, que voldria
aturar tants moments de cada dia,
per fe’ls eterns a dintre del meu cor!...
O és que aquest «fe’ etern» és ja la mort?
Mes llavores, la vida, què seria?
Fóra l’ombra només del temps que passa,
la il•lusió del lluny i de l’a prop,
i el compte de lo molt, i el poc, i el massa,
enganyador, perquè ja tot és tot?
Tant se val! Aquest món, sia com sia,
tan divers, tan extens, tan temporal;
aquesta terra, amb tot lo que s’hi cria,
és ma pàtria, Senyor; i no podria
ésser també una pàtria celestial?
Home sóc i és humana ma mesura
per tot quant puga creure i esperar:
si ma fe i ma esperança aquí s’atura,
me’n fareu una culpa més enllà?
Més enllà veig el cel i les estrelles
i encara allí voldria esser-hi hom:
si heu fet les coses a mos ulls tan belles,
si heu fet mos ulls i mos sentits per elles,
per què acluca’ls cercant un altre com?
Si per mi com aquest no n’hi haurà cap!
Ja ho sé que hi sou, Senyor; pro on sou, qui ho sap?
Tot el que veig se vos assembla en mi...
Deixeu-me creure, doncs, que sou aquí.
I quan vinga aquella hora de temença
en què s’acluquin aquests ulls humans,
obriu-me’n, Senyor, uns altres de més grans
per contemplar la vostra faç immensa.
Sia’ amb la mort una major naixença!

Pena y alegria del amor

PENA Y ALEGRIA DEL AMOR de RAFAEL DE LEÓN



Mira cómo se me pone
la piel cuando te recuerdo.

Por la garganta me sube
un río de sangre fresco
de la herida que atraviesa
de parte a parte mi cuerpo.

Tengo clavos en las manos
y cuchillos en los dedos
y en la sien una corona
hecha de alfileres negros.

Mira cómo se me pone la piel
cada vez que recuerdo
que soy un hombre casao
y sin embargo, te quiero.

Entre tu casa y mi casa
hay un muro de silencio,
de ortigas y de amapolas,
de cal, de arena, de viento,
de madreselvas oscuras
y de vidrios en acecho.
Un muro para que nunca
lo pueda saltar el pueblo
que anda rondando la llave
que guarda nuestro secreto.
¡Y yo sé bien que me quieres!
¡Y tú sabes que te quiero!
Y lo sabemos los dos
y nadie puede saberlo.

¡Ay, que pena, penita, pena
de nuestro amor en silencio!
¡Ay, qué alegría, alegría,
quererte como te quiero!

Cuando por las noches a solas
me quedo con tu recuerdo
derribaría la pared
que separa nuestro sueño,
rompería con mis manos
de tu cancela los hierros,
con tal de verme a tu lado,
tormento de mis tormentos,
y te estaría besando
hasta quitarte el aliento
y luego, qué se me daba
quedarme en tus brazos muerto.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Nuestro amor es agonía,
lucha, angustia, llanto, miedo,
muerte, pena, sangre, vida,
luna, rosa, sol y viento.
Es morirse a cada paso
y seguir viviendo luego
con una espada de punta
siempre pendiente del pecho.

Salgo de mi casa al campo
sólo con tus pensamientos,
para acariciar a solas
la tela de aquel pañuelo
que se te cayó un domingo
cuando venías del pueblo
y que no te he dicho nunca,
mi vida, que yo lo tengo.
Y lo aprieto entre mis manos
lo mismo que a un limón nuevo,
y miro tus iniciales
y las repito en silencio
para que ni el campo sepa
lo que yo te estoy queriendo.

Ayer, en la Plaza Nueva,
mi vida, no vuelvas a hacerlo?
te vi besar a mi hijo,
si a mi hijo el más pequeño,
y cómo lo besarías
¡ay, Virgen de los Remedios!
que fue la primera vez
que tú a mí me distes un beso.
Llegué corriendo a mi casa,
alcé mi niño del suelo
y sin que nadie me viera,
como un ladrón en acecho,
en su cara de amapola
mordió mi boca tu beso.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Mira, pase lo que pase,
aunque se hunda el firmamento,
aunque la tierra se abra
y aun cuando el pueblo se entere
y ponga nuestra bandera
de amor a los cuatro vientos,
sígueme queriendo así,
tormento de mis tormentos.

Y que aprendan a quererse
los que quieren en silencio.

El seminarista de los ojos negros

EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS de MIGUEL RAMOS CARRIÓN



Allá en la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
a los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados, austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda roza casi el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo, airoso, flexible y esbelto.

Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre a su paso le deja el recuerdo
aquella mirada de los ojos negros.

Monótono y tarde va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y llegan las tardes plomizas de invierno
y la salmantina de rubios cabellos
desde la ventana del casucho viejo
ve todas las tardes pasar en silencio
a los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos no,
ve tan solo a uno de ellos,
al seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa a la niña y pide aquel cuerpo
en vez de una sotana y marciales rezos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirle: -¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, de pena, me muero!

A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende, olvida sus rezos,
y ya solo vive en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una mañana hermosa de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oye tristes cantos y fúnebres rezos;
es que por la calle pasa un entierro.

Un seminarista sin duda traen muerto;
pues, entre cuatro, llevan a hombros su féretro,
y con la beta roja encima cubierto,
y sobre la beta, el bonete negro.
Con las voces roncas cantaban los clérigos,
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña los mira, al verlos
un temblor de angustia recorre su cuerpo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
y sólo faltaba entre todos ellos...
el seminarista de los ojos negros.

Pasaron los años, corrió mucho el tiempo...
y allá en la ventana de un casucho viejo,
siempre sola y triste rezando y cosiendo
una pobre anciana de blanco cabello,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
ve todas las tardes pasar en silencio
a los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, les mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Vieja, ya sola y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...

El sabor de un beso

EL SABOR DE UN BESO de JOSÉ MARÍA MILAN (Beneixama)



Me pides, nena preciosa,
que te describa, de un beso,
el sabor, y que haga de eso
una poesía hermosa.

¿Acaso tú crees mimosa,
que eso es tan fácil de hacer?
Y cómo darte a entender
de un beso todo el sabor
si tú no sabes qué es amor
si tú aun no eres mujer.

No pudiendo describir
el inmortal Campoamor
de un beso todo el sabor,
tan bien que el supo escribir,
¿cómo te voy yo a decir
de un beso la dulce esencia?

Espera a que en tu existencia
nazca amor sin contrapeso
y todo el sabor de un beso
lo sabrás por experiencia.

Ya sé yo que esta verdad
no te deja satisfecha
y en curiosidad deshecha
tú quieres más claridad.

Transijo en tu terquedad
por lo bonita que eres
y puesto que tú lo quieres
algo te habré de decir,
ya que en eso de conseguir
siempre ganáis las mujeres.

¿Cómo pintarte el momento
en que, entornando los ojos,
entre vuestros labios rojos
se confunde nuestro aliento?

¡Qué grandioso sentimiento
encierra el momento aquél!
El sabor de aquella miel
que se liba en vuestra boca
el pensamiento lo evoca
mas no lo pinta el pincel.

Cual volar de mariposa
desde el céfiro al arrullo,
el beso, por su murmullo
en los labios de una hermosa,
es la esencia más sabrosa
que encierra en su fondo, amor.

De aquel jugo no hay licor,
si comparártelo quieren,
ni aunque a probar te lo dieren,
en el cáliz de una flor.

Una boca sobre otra boca
produce un leve sonido,
y va en el beso un fluido
que al alma la vuelve loca.

Después su sabor provoca
un deleite embriagador,
y ha dejado tal dulzor
al pasar por nuestros labios
que hace olvidar los agravios
si los hay, en el amor.

Al besar la primera vez
sentirás, niña hechicera,
en toda tu alma entera
la más grata embriaguez.

Y te advierto que el besar
es vicio mal de corregir,
pues es tan grato el latir
de alma nuestra al besar,
que ya, después de empezar,
es forzoso reincidir.

Porque es el néctar del amor,
porque es consuelo al pensar,
porque es bálsamo al dolor.
esta es la razón de ser.

No te podrás convencer
de esta verdad inmortal
si en tus labios de coral
no dan un beso, mujer.

Yo te puedo asegurar
que la impresión que sentí
cuando el primer beso di
jamás la pude olvidar.

Fue un continuo delirar
ebrio de tanto embeleso,
fue tan dulce aquel exceso
tan grato almíbar probé,
que desde entonces bien sé
el sabor que tiene un beso.

Ni más te puedo decir
ni más te puedo explicar,
aquel sabor, sin besar,
no lo podrás concebir.

No se puede describir
el sabor de un beso en pos
ya verás cuando los dos,
él y tú, os lleguéis a amar,
como el sabor de besar
es lo mejor que hizo Dios.

Romance de la voz en la sangre

ROMANCE DE LA VOZ EN LA SANGRE de RAFAEL DE LEÓN



Fue hacia la tercera luna
cuando lo sintió en los centros.
Estaba sobre la hierba,
tumbada de cara al cielo
-viendo la tarde morirse
sobre sus ojos abiertos-
cuando notó en la cintura
como un pájaro pequeño,
que aleteó por lo oscuro
de su vientre unos momentos,
y luego vino a pararse
sobre su talle, en silencio...

Fue hacia la tercera luna
cuando lo sintió en los centros...
Un ¡ay! de gozo y asombro
y otro de duda y recelo
salieron de su garganta.
Las palomas de su pecho
se erizaron de blancura,
y un temblor de alumbramiento
sacudió de sur a norte
todo el mapa de su cuerpo
e hizo crujir entre sombras
las ramas de su esqueleto...

En un brinco de gacela
se ha levantado del suelo
y ha echado a andar lentamente
por la vereda de cedros.
Parece tallada en tierra
la cara de Sacramento.
-Iré a ver a la Jacinta
lo mismo que otras lo hicieron...
Ella conoce las plantas
y sabrá darme el remedio...
-¿No te da pena matarme
antes de nacer...?

¡Qué miedo
le dio al escuchar la voz
que le salía al encuentro,
envuelta en hilos de sangre
cortando su propio aliento!
-¿Quién eres que así me hablas...?
-Ahora, nadie... casi un sueño;
mañana, si tú me dejas,
un hombre de cuerpo entero...
-¿Y qué voy a hacer, mi niño?
-Parirme como un almendro
en la mitad de la cama
con las entrañas ardiendo.
-¿Pero y mi honra?
-Tu honra
la limpiaré con mis besos:
las madres después del parto
quedan igual que un espejo...
-Pero me faltan seis meses,
seis plenilunios completos
frente a los ojos que miran
y las bocas de veneno.
-¿Y a ti qué te importa nadie?
Ponte delante del pueblo
y escúpele la belleza
de llevar un hijo dentro.
-¡Temo a las lenguas cobardes!
-Y en cambio no te da miedo
ir a buscar una planta
de sombra -flor de silencio-,
para derramar mi vida
por el primer sumidero
y que no quede del hijo
ni una fecha ni un recuerdo...
-¡Calla!
-No puedo callarme.
Una perra no haría eso:
me lamería los ojos
hasta que los fuera abriendo...
Pondría mi piel suave
lo mismo que el terciopelo
y luego ya, sin saliva,
con los dientes en acecho,
se tumbaría a mi lado
hecha un río dulce y tierno,
para que yo la dejara
hasta sin cal en los huesos.
-¡Por Dios!
-Por Él, yo te pido
que no me dejes sin cielo.
Corta sábanas de holanda;
borda pañales de céfiro;
aprende nanas azules
y planta naranjos nuevos...,
y cuando me hayas parido
como a un torito pequeño,
abre puertas y ventanas,
que me contemplen durmiendo
lo mismo que un patriarca
en el valle de tus pechos...
La voz se apagó en la sangre;
la cara de Sacramento
parece como de barro
de oscura que se le ha puesto,
y con sus manos sin pulso
se toca el vientre moreno...
¡Ay qué monte de alegría!
¡Qué rosal al descubierto!
¡Qué luna bajo la falda!
¡Qué lirio de tallo inquieto!
-¡Yo te juro, amor -mi niño-,
por mis vivos y mis muertos,
que te he de parir un día
sonámbula de contento,
aunque me escupan a una
todas las lenguas del pueblo!

¡Un duro al año!

¡UN DURO AL AÑO! de EUSEBIO BLASCO SOLER



I
Monte arriba, cara al viento,
buscando reposo y calma,
íbame yo muy contento,
dándole descanso al alma,

y cuando a lo alto llegué,
y al dar la vuelta a la cima,
un rebaño me encontré
que se me venía encima.

Avanzaban las ovejas
marchando al paso tranquilas,
y pasaban las parejas
al sonar de las esquilas:

y a los últimos reflejos
de los rayos vespertinos
las vi perderse a lo lejos
por los ásperos caminos.

Detrás de ellas, lentamente,
dando al aire una canción
y sacando indiferente
su mendrugo del zurrón,

venía un pastor, un niño,
un imberbe zagalejo,
que me inspiró ese cariño
que es tan súbito en un viejo.

- ¡Hola! ¿tú eres el pastor?
- Sí señor, ¿ y qué se ofrece?
- ¿Tienes padres?
- no señor.
- ¿Cuántos años tienes?
- Trece.
- ¿Y cuánto ganas, amigo?
- Un duro.
- ¿al día?
- ¡anda maño!
- ¿Un duro al mes?
- ¡que no, digo!
¡Un duro al año!

II
Le dejé que se marchara
y en el monte me senté,
y avergonzado, la cara
en las manos oculté.

Pasaron por mi memoria
templos, palacios y reyes,
los aplausos y las glorias,
los discursos y las leyes,

los millones del banquero,
las fiestas del potentado,
réditos del usurero,
ladrones en despoblado,

fortunas mal heredadas
en el tapete perdidas,
cortesanas celebradas
de ricas galas prendidas,

los que del lujo se ufanan,
tantas glorias, tanto daño...
y en tanto hay seres que ganan...
¡Un duro al año!

III
¡Un duro! ¡Oh Dios! ¡Cuántas veces
lo habré derrochado yo,
en miles de pequeñeces
que mi gusto me perdió!

en comer sin tener ganas,
en caprichos, en favores,
en vanidades humanas,
en guantes, coches y flores,

en un rato de placer,
en un libro sin valor,
en apostar, en beber,
en humo, en un buen olor...

Y ese duro que se olvida
en cuanto correr se deja,
era un año de la vida
de aquel niño que se aleja...

Y vi que somos peores
todos los seres humanos.
Unos, falsos soñadores;
otros, falsos puritanos

todos en el daño iguales
ante la llagas sociales
y hay seres que, en esa edad,
que ignora su propio engaño
deben a la humanidad...
¡Un duro al año!

IV
¡No! Mientras que el frío enero,
en una espantosa noche,
mi prójimo, por dinero,
me lleve a mi casa en coche;

mientras de la mina oscura
saque el carbón tanta gente,
pasando tanta amargura
para que yo me caliente;

mientras de la alegre fiesta
salga yo, que siento y creo,
y al pobre que me moleste
le mande airado a paseo;

y mientras derroche la moda,
y se gasten, grande o chico,
mil duros en una boda,
mil en entierros del rico,

y hasta el sol desigual sea
en dar al hombre sus rayos,
y hayan niños con librea
que me sirvan de lacayos

ni creo en leyes humanas
ni en el que las bombas tira...
¡Palabras! Palabras vanas.
¡Mentira, todo mentira!

No hay a las penas consuelos;
¡sufrir y siempre sufrir!
¡El Cristo se fue a los cielos,
pero volverá a venir!

y ha de subir a mil codos
más alto el nuevo diluvio;
en él moriremos todos
y más alto que el Vesubio

nos ha de ver impasible
ese niño, ese pastor,
ya convertido en terrible
ángel exterminador,

y entre torrentes de lava
gritará en su alto escaño:
—¡Yo soy aquel que ganaba
un duro al año!

V
Así a mis solas decía,
solo, en la cumbre del monte,
mientras el sol se escondía
en el rojizo horizonte,

en la sombra se ocultaban
lentamente las aldeas,
y allá lejos humeaban
las fabriles chimeneas.

entre el ruido y movimiento
de las modernas ciudades,
resumen triste y cruento
de las necias vanidades...

Y allá, perdido en la plana,
y cantando, tras su rebaño,
iba aquel niño que gana
¡Un duro al año!

El meu testament

EL MEU TESTAMENT de EUFEMIÀ FORT COGUL



Si mai veieu que moro a terra llunya,
torneu-me a Catalunya;
la terra d'altra terra, que feixuga
seria al damunt meu!
No m’hi colgueu pas en terra malastruga,
no m'hi colgueu!

Si mai veieu que moro a terra llunya,
torneu-me a Catalunya;
vull que la creu estengui bé els seus braços
damunt la meva fosa, eternament
la creu que fou la guia en els meus passos.

Després de mort, claveu-la fermament
damunt la meva sepultura
car si la vida em fou jornada dura
la creu me conhortava en tot moment
claveu-la, fermament,
dintre l’entranya del camp
que sigui el meu fossar
claveu-la fort,
però no en terra estranya,
claveu-la en cementiri català.

Si mai veieu que moro a terra llunya
torneu-me a Catalunya;
si algú a frec de creu vol recordar-me
que no hi vingui a plorar,
que es flecti de genolls
i el seu resar, que sigui,
com la mare va ensenyar-me
que hi resi en català.

Si mai veieu que moro a terra llunya,
torneu-me a Catalunya;
a l’ombra del xiprers i en terra catalana
hi creixerà més verda l’heura ufana
aferrada a les soques dels llorers
i ploraran tota hora el saüquers
el plor etern, el plor de cada dia.

I jo, reposaré en llur companyia content,
per sempre més,
humil recés i com t’enyoraria
si lluny de Catalunya, no et tingues.

Si mai veieu que moro a terra llunya,
torneu-me a Catalunya;
que el cel de Catalunya
és molt més blau
i més acollidor
i la gleva de terra es més suau
i em servera a materna amor.

Si mai veieu que moro a terra llunya,
torneu-me a Catalunya;
la terra d’altre terra
que feixuga seria al damunt meu!
No em colgueu pas en terra malastruga
no,no m’hi colgueu!

Si mai veieu que moro a terra llunya
que no ho permeti Déu,
i no podeu tornar-me a Catalunya,
no m’enterreu!